En el verano de 2006 viajamos por China durante dos semanas, una noche tocó visitar la Opera China de Pekín y acomodados en un palco a pie del escenario nos estuvieron sirviendo te, dulces y fruta. Entre la fruta llamaban la atención unos melocotones blancos inmensos (albérchigos). Aún a riesgo de quedar como un gorrón, tomé del plato el melocotón más grande, no con la intención de comerlo, sino con la de quitarle el hueso para poder plantarlo en mi huerto.
